TRABAJO
PRÁCTICO DE ECONOMÍA POLÍTICA
MICHAEL
MOLINA
JUAN
PABLO MAFFEO
INTRODUCCIÓN
Muchas
personas adquieren préstamos para comprar bienes de consumo o de equipo, o una
vivienda. Los países también lo hacen. Toman dinero prestado en los mercados de
capitales o lo piden a instituciones financieras internacionales para pagar
infraestructuras: carreteras, servicios públicos y centros de salud. Al igual
que las personas, los países tienen que devolver el principal y los intereses
de los préstamos que reciben. No obstante, hay diferencias importantes. Si una
persona contrae un préstamo, recibe el dinero directamente y cuando lo devuelve
lo hace conforme a las condiciones de ese préstamo. Pero si es un país el que
adquiere el préstamo, a los ciudadanos no se les informa acerca del uso del
mismo ni de las condiciones de su devolución. En la práctica, muchos Gobiernos
han utilizado préstamos para proyectos que no cumplen los requisitos mínimos de
viabilidad social, ecológica o económica. Una segunda diferencia es que, cuando
una empresa o persona no puede hacer frente a sus obligaciones financieras va a
la quiebra. Entonces se nombra un tribunal encargado de evaluar la situación
del deudor al que los bancos reconocen la incapacidad de pagar la totalidad de
su deuda. Sin embargo, los países no pueden pedir que se les declare en
quiebra: no existen procedimientos ni árbitros a tal efecto. En el ámbito
internacional son los acreedores y no un tribunal, quienes deciden si pedirán o
no al país deudor que pague su deuda.
La
crisis de la deuda y su impacto en el Sur. La crisis como tal se pone de manifiesto
en 1982, cuando México anuncia que no puede pagar su deuda externa, suscitando
en la comunidad financiera internacional el temor a que otros países siguieran
el mismo camino. No obstante, el antecedente más directo de esta crisis data de
1973, cuando los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo
(OPEP) cuadruplicaron el precio del petróleo e invirtieron su excedente de
dinero en bancos comerciales. Los bancos, en su búsqueda de inversiones para
sus nuevos fondos, hicieron préstamos a países en desarrollo, sin valorar
debidamente las peticiones a tal efecto o sin vigilar el modo en que se
utilizaban los préstamos. De hecho, debido a la irresponsabilidad, tanto de los
acreedores como de los deudores, la mayor parte del dinero prestado se gastó en
programas que no beneficiaban a los pobres: compra de armamento, proyectos de
desarrollo a gran escala y/o proyectos privados que enriquecían a funcionarios públicos
y a un reducido grupo de privilegiados. El impacto de la crisis de la deuda en
el Sur no se hace esperar y sus costes son tanto sociales como financieros. Los
países pobres altamente endeudados presentan tasas de mortalidad infantil,
enfermedad, analfabetismo y malnutrición más altas que otros países en
desarrollo, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Para seis de cada siete países pobres altamente endeudados de África, el pago
del servicio de la deuda - se entiende, el principal más los intereses representa
más de la suma total de dinero necesario para aliviar esta situación. Si
invirtieran ese dinero en desarrollo
humano, tres millones de niños podrían superar los cinco años de edad y se
evitarían un millón de casos de malnutrición (Informe sobre el desarrollo
humano, 1997). En 1996, los países del Sur le debían al Norte más de dos
billones de dólares, casi el doble que diez años antes. Por orden de importancia,
las deudas están contraídas con Estados, bancos comerciales e instituciones
financieras multilaterales. Cerca del 50% de los pagos anuales que efectúan
los países del Sur se corresponden con intereses de la deuda. Desde el punto de
vista financiero, el fuerte endeudamiento implica un alto riesgo para la comunidad
internacional a la hora de invertir en un país. De esta forma, los países
pobres están prácticamente excluidos de los mercados financieros
internacionales. El PNUD estima que en la década de 1980 los tipos de interés
para los países pobres fueron cuatro veces más altos que para los países ricos,
debido a su menor grado de solvencia y a las previsiones de una depreciación de
la moneda nacional. Los países muy endeudados sufren enormes presiones para
obtener divisas destinadas a pagar el servicio de su deuda y comprar productos
esenciales de importación. Las Instituciones Financieras Internacionales
ofrecen a menudo asistencia financiera a países que se encuentran en esta
situación y utilizan su influencia para obligarlos a aceptar políticas de ajuste
estructural y de estabilización. Aunque su fin es el de estabilizar las
economías en crisis e impulsar su crecimiento, haciéndolas más competitivas, la
auténtica realidad es que las políticas de ajuste provocan en su aplicación
efectos muy negativos para la población de los países más endeudados: Recorte
de los gastos sociales (salud, educación, bienestar, etc.) ya que se pretende
reducir el déficit público. Cierre de numerosas empresas locales que no pueden
competir con las multinacionales extranjeras. Reducción de las plantillas de
las empresas públicas. Muchos de los trabajadores son despedidos como
consecuencia del recorte presupuestario. Las inversiones llegan con
cuentagotas de manera que el crecimiento del empleo se produce de manera más
lenta de lo anunciado. También se ve perjudicado el medio ambiente ya que estas
políticas llevan aparejada la necesidad de aumentar las exportaciones que en
muchos países dependen de la explotación indiscriminada de recursos naturales
como la madera, los minerales o un único producto agrícola. La deuda externa
es la manifestación más dramática de la situación de subordinación en la que
viven las economías de los países del Sur dentro de la estructura económica
internacional. Mientras el crecimiento macroeconómico de los países más ricos y
de algunas naciones emergentes alcanza cotas muy elevadas, una buena parte del
mundo en vías de desarrollo pasa por una situación humana catastrófica. Las
injusticias que genera el sistema económico mundial, que maximiza el beneficio
de los que más tienen, abren una gran brecha entre éstos y los que quedan
excluidos de los procesos de crecimiento, las mejoras en el nivel de vida y el
incremento de los ingresos. El sistema financiero internacional excluye de la
inversión privada a decenas de países y millones de personas. La justificación
reside en que no reúnen las condiciones idóneas que demandan los inversores.
Las desigualdades también están creciendo al interior de los propios países
empobrecidos. Quebrar esta tendencia depende, no sólo de la voluntad política
de los máximos organismos de poder, sino también de la determinación de la
ciudadanía para convertirse en protagonista del cambio.
La
D.E. es un instrumento que un país utiliza para crecer en base a un plan
programado, estudiado, discutido y aprobado por el Congreso. O sea que la
finalidad de endeudarse es la de generar riqueza a través de créditos
internacionales para el bienestar de los ciudadanos.
Pero
desde los albores de nuestra Historia, las deudas que se originaron no honraron
precisamente a quienes en nombre del pueblo la contrajeron.
La
deuda externa son todas las deudas de un país en materia de finanzas publicas
a entidades bancarias mundiales que se realizan durante periodos difíciles con
grandes problemáticas que no pueden ser solventadas debido a la falta de
recursos en el sector público es entonces cuando los países especialmente los
del tercer mundo como todos los países latinos recurren a instancias
internacionales sumamente capitalistas como el banco mundial a fin de obtener
préstamos sin embargo estos acuerdos han sumado a los países en una de las más
miserables pobrezas debido a las pretensiones e injusticias mercantiles que
imponen estas instancias con el propósito de afianzar su dominio sobre nuestra
Sudamérica tal es el caso de México, Argentina y Perú los más afectados.
Desde
comienzos de los años ochenta, la deuda externa ha sido para la Argentina uno
de sus principales problemas económicos. Independientemente del peso que pueda
atribuírsele, es evidente que la magnitud que ha asumido el endeudamiento
representa una considerable restricción para el desarrollo de una política
económica que supere las crecientes condiciones de desindustrialización,
desempleo y pobreza por las que atraviesa la Argentina. Tras el derrumbe del
régimen de convertibilidad, la deuda ha llegado a representar aproximadamente
el equivalente al producto bruto de la Argentina, y si se la quisiera cancelar
sería necesario insumir más de 5 años de exportaciones o el equivalente a 14 años
de recaudación tributaria. En otras palabras, la deuda externa ya no es sólo un
obstáculo para el desarrollo sino también una carga imposible de afrontar en
las condiciones actuales.
Sin
embargo, esta consideración no debe obviar el papel que ha tenido el
endeudamiento en el funcionamiento integral de la economía argentina y,
particularmente, en la acumulación y en la reproducción del capital de los
sectores más concentrados caracterizados por la preeminencia de la valorización
financiera. En otras palabras, y tal como se intenta mostrar a lo largo del
estudio, el problema de la deuda externa no se limita a una cuestión meramente
financiera sino que se relaciona estrechamente con las características que ha
asumido el capitalismo argentino a partir de la última dictadura militar y de
las pautas que han tendido a consolidarse durante la década pasada.
El
negocio del endeudamiento externo consistía, esencialmente, en aprovechar el
diferencial existente entre las tasas de interés locales e internacionales. De
este modo, las divisas ingresaban al país, se cambiaban al apreciado tipo de
cambio vigente y se colocaban en el mercado financiero local, operatorio que
arrojaba cuantiosas ganancias (que, en su gran mayoría, posteriormente se
remitían al exterior). A diferencia de otros países de la región, que
destinaron parte del endeudamiento externo a profundizar sus procesos de
industrialización, en la Argentina se inició una etapa en la que la forma
predominante de acumulación fue, y aún es, la valorización financiera ligada a
la desindustrialización, a la centralización del capital y a la concentración
de la producción y del ingreso.
Desarrollo.
BARING
BROTHERS
Y
si no veamos que ya en 1824 se originaba una deuda fraudulenta, contraída por
el Gobierno de Bernardino Rivadavia con la Banca Baring Brothers y ejecutada
por el Banco de descuento de Buenos Aires que estaba controlado por
comerciantes ingleses. El Gobierno entonces contrató un empréstito con dicha
firma por un millón de esterlinas. Una fortuna para ese entonces. El
empréstito se contrataba con el objetivo de crear pueblos, en la frontera con
el indio, fundar un Banco Nacional, construir una red de agua y un puerto. Los
gestores de entonces fueron Braulio Costa, Félix Castro, Juan Pablo Sáenz
Valiente y otros, que se llevaron nada menos que 120.000 libras de comisión.
Pero solo llegó a Buenos Aires la suma de 570.000 libras, la mayoría en letras
de cambio, sobre casas comerciales británicas. Pero la deuda se asumía por
1.000.000 de libras. El dinero no se destinó como estaba previsto a obras
públicas. Se esfumó en gastos improductivos. Para 1904 cuando se terminó de
pagar la totalidad de la deuda, la Argentina había abonado a la casa Baring
Brothers la suma de $ 23.734.766.
Gustavo
Marangoni, analizó la historia de la deuda externa argentina, en su columna
habitual de los lunes, en Rápido y curioso, el programa que conduce Alejandro
Fantino por Radio Rivadavia.
Explicó
que la primera vez que Argentina tomó un préstamo externo fue en 1822, por 1
millón de libras que en ese momento representaban a 5 millones de pesos-, que
se iban a destinar para la construcción de un puerto, tres ciudades nuevas y
la red urbana de agua corriente.
Sin
embargo, de ese millón de libras se descontaron las utilidades y la suma que
verdaderamente llegó desde Inglaterra hasta acá que fue el famoso préstamo de
la Baring Brothers fue solamente de 22.000 libras, que finalmente se usaron
para financiar la guerra con el Brasil.
Agregó
que la misma se terminó de pagar recién en 1904, y por un monto 12 veces
superior al importe contraído.
El
primer empréstito (Préstamo que se hace al estado) tuvo comienzo durante el
gobierno de Bernardino Rivadavia. Ésta préstamo fue de parte de la banca Baring
(compañía bancaria comercial), que fue de un millón de libras esterlinas. Por
supuesto que no llegó todo; ya que los ingleses se descontaron por anticipado
los intereses y sólo llegó una parte. Tampoco se usó la plata para lo que
estaba previsto aquel empréstito. El general José de San Martín criticó
duramente la decisión de comenzar a endeudar el país.
La
otra deuda más grande de la Argentina fue de dos millones y medio de libras
esterlinas que sólo llegaron un millón ochocientas mil libras esterlinas. Se
utilizó para financiar la guerra contra el pueblo paraguayo. Estas dos deudas
no se terminaron de pagar hasta ya entrado el siglo XX.
FONDO
MONETARIO INTERNACIONAL
El
Fondo Monetario Internacional aparece para intervenir entre la banca internacional
y los gobiernos, para muchos es para estafar a los pueblos y naciones. Perón
tampoco lo aceptó hasta que en 1957 ingresa al sistema. Es una estrategia para
el sometimiento futuro de los países pobres por los desarrollados.
Son
organismos internacionales, que con una apariencia de neutralidad tecnocrática
supervisan a los países deudores, una especie de policía económica que en
realidad está manejada por la banca internacional. También ellos son acreedores
por préstamos que han servido para financiar “monumentos a la corrupción” como
la obra de Yacyretá (del Banco Mundial) o “salvatajes financieros” (del FMI)
que siempre terminan en manos de banqueros y especuladores, y no del pueblo que
los necesita.
El
Fondo Monetario Internacional fue creado mediante un tratado internacional en
1945 para contribuir al estímulo del buen funcionamiento de la economía
mundial. Con sede en Washington, el gobierno del FMI son los 184 países
miembros, casi la totalidad del mundo. El FMI es la institución central del
sistema monetario internacional, es decir, el sistema de pagos internacionales
y tipos de cambio de las monedas nacionales que permite la actividad económica
entre los países.
Sus
fines son evitar las crisis en el sistema, alentando a los países a adoptar
medidas de política económica bien fundadas; como su nombre lo indica, la
institución es también un fondo al que los países miembros que necesiten
financiamiento temporal pueden recurrir para superar los problemas de balanza
de pagos.
PRESIDENCIA
DE PERÓN- GOBIERNO DE FACTO
Sólo
en 1952, durante la presidencia de Perón, terminó transitoriamente la historia
de endeudamiento, y la Argentina pasó a ser acreedora internacional, gracias al
“pago de $13 millones de la época. Sin
embargo, después de la Revolución Libertadora es decir, el golpe de Estado que
termina con la Presidencia de Perón, nuestro país se asoció al Fondo Monetario
Internacional, retomando su proceso de endeudamiento que va tener un rápido
recrudecimiento a partir de 1976”.
Como
ven desde el inicio de nuestra Historia la especulación y la usura financiera
formaron parte indisoluble de nuestro «ser nacional». Para comprender la génesis
de la deuda externa moderna es necesario mencionar que entre 1973 y 1978 la
acción de los países productores de petróleo llevó a un abrupto aumento de su
precio mundial y comenzaron a hacer depósitos masivos en los bancos de origen
norteamericanos.
Entonces
comenzó un aluvión de créditos entre 1978 y 1980, en la que América latina
incrementó su deuda de U$ 27.000 millones a 231.000 millones lo que implicaba
un pago anual de U$ 19.000 millones. Para esto los banqueros impusieron duros
términos a los países tomadores de crédito, como recortes presupuestarios,
disminución en gastos en salud, educación y acción social. Todo con el objeto
de pagar los intereses usurarios a los nuevos vampiros financieros del siglo
XX.
En
nuestro país cuando la patética Isabel Perón es eyectada del poder, nuestro
país tenía una deuda externa de apenas U$ 6.543 millones. Pero cuando en 1983
la dictadura entregó el poder esta deuda ascendía a U$ 46.000 millones. ¿Qué
había pasado? Que había entrado en acción un hombre responsable del genocidio
económico de nuestro país: José Alfredo Martínez de Hoz. Dice que la Argentina
debe endeudarse para tecnificar el país. Él y Guillermo Walter Klein, estipulan
mensualmente la cantidad de dinero y destino de los préstamos.
También
interviene otro siniestro personaje que todavía anda dando vuelta, Domingo
Felipe Cavallo que como presidente del Banco Central estatiza la deuda privada
de cientos de empresas que estaban endeudadas en dólares se la pasan al Estado,
o sea a los trabajadores. Son cerca de U$ 14.000 millones que sumados al
empréstito inicial, se llega al monto de U$ 40.000 millones.
Machinea
que luego estará en el gobierno de Alfonsín es el que hace el pagaré de la
deuda privada. Lo más triste de esto es que gran parte de la deuda estatizada
era «auto préstamo». Que se hacía la misma empresa con dinero que tenía en
bancos exteriores. Una verdadera estafa.
Las
empresas, más importantes eran Techint, BGH, Sideco, Fate y otras no menos
importantes. Después veremos por qué se detuvo la investigación de esta estafa.
El
gobierno de la dictadura dejó un país hipotecado con una deuda de cuarenta y
cinco mil millones de dólares. La mitad es deuda privada: son veintitrés mil
millones que dicen deber bancos extranjeros radicados en el país; como por
ejemplo: Banco de Londres, Banco Español, Banco Francés, Banco Rió, etc.), y
multinacionales como Fiat, BMW, Mercedes Benz, Esso, etc.), y grupos
empresariales locales, como por ejemplo: Macri Techint, Celulosa y otras.
Una
descomunal deuda privada que un alto funcionario de la dictadura militar,
Domingo Cavallo, le pasaba al Estado. Convertido en súper ministro de economía
de los gobiernos de Menen y de la Rúa, sería responsable del crecimiento de la
deuda y del mayor despojos que sufriera el pueblo argentino.
Brasil
ha logrado incorporar tecnología e insertarse en el mercado internacional,
otros países como Argentina pidieron dinero con tal irracionalidad que solo logró
arruinarse.
Cómo
se originó la deuda externa:
-A
partir de 1976: Las empresas privadas son alentadas a tomar créditos
internacionales.
-1978:
Gobierno de Videla: El mundo vive en la era de los petrodólares. Los bancos
internacionales ofrecen créditos fáciles a tasas bajas. Comienza el gran
endeudamiento del Estado argentino
-En
1980: Se inicia el fenómeno de convertir deuda internacional de empresas
privadas en deuda del Estado.
Durante
la dictadura militar, mediante una fraudulenta una fuga de las divisas que
ingresaron al país como préstamos, con el supuesto objeto de constituir
reservas en el Banco Central. La fuga de capitales se produjo entre 1980 y
1983, mediante una quiebra masiva de bancos y financieras, y mediante un
mecanismo denominado “seguro de cambio”, que garantizaba el precio futuro de
las divisas, pese la enorme inflación existente.
A
principios de 1976, cada habitante de Argentina debía al exterior 320 dólares;
a fines de 1983, cuando los militares se fueron cada habitante pasó a deber 1.500
dólares (en otros términos: la deuda trepó de 8 mil a 45 mil millones).
¿En
qué se fue el dinero?
Compra
de armas (y pagar comisiones por la compra), según estimaciones del Banco
Mundial, se emplearon 10.000 millones.
Cubrir
deudas de empresas privadas, esta conversión es inaugurada por el ministro
Sigaut.
Antes
de entregar el poder a la democracia, Cavallo, Roberto Alemán, Dianilla,
Pastore, Sigot y González Solar (presidente del banco central), deciden
estatizar la deuda privada de cientos de empresas. Cerca de 14.000 millones de
dólares, que sumado a la deuda inicial se llega al monto de 40.000 millones.
Se
hizo mediante un “seguro de cambio” que consistía en asegurarle a la deuda el
valor del dólar al momento del pago de la deuda. Por ejemplo: si debía 10.000
dólares a un valor de $10 por dólar, cuando llegue el momento de abonarla,
puede ser 3 años o más, el deudor solo abona los 10.000 a 10 pesos el dólar. La
diferencia en caso de un aumento del dólar lo absorbe el estado, el pueblo. Es
decir se transfirió la deuda privada a la sociedad Argentina.
Lo
más triste de esto, es que gran parte de la deuda estatizada eran
“auto-prestamos”, es decir prestamos que se hacia la misma empresa con dinero
que tenía ahorrado en banco exteriores. El banco emisor del crédito era el
testaferro de la empresa y el cómplice se esta estafa. Muchas empresas fueron
descubiertas como: FATE, SADE, algunas del grupo TECHINT, BGH, SIDECO. Pero se
detuvo la investigación en el gobierno de Alfonsín, Mars, fue el que firmó esta
decisión.
En
cubrir las deudas de varias poderosas empresas privadas se nos fueron 5.000
millones: Esas empresas habían tomado préstamos en el exterior no la podían
pagar y por imprevisión se encontraron de pronto en una situación delicada. El
Estado salió al rescate. Entre las empresas aludidas se contaban: Celulosa
Argentina (1.500 millones), Cogasco (1.350), Autopistas Urbanas (950), Pérez
Companc (910), Acindar (650), Bridas (600), Banco de Italia (550), Alpargatas
(470), Techint (350 millones). Lo más triste de esto, es que gran parte de la
deuda estatizada eran “auto-prestamos”, es decir préstamos que se hacía la
misma empresa con dinero que tenía ahorrado en bancos exteriores. El banco
emisor del crédito era el testaferro de la empresa y el cómplice de esta
estafa. Muchas empresas fueron descubiertas como: FATE, SADE, algunas del
grupo TECHINT, BGH, SIDECO. Pero se detuvo la investigación en el gobierno de
Alfonsín, Mars, fue el que firmó esta decisión.
1976-
Golpe Militar- Martínez de Hoz, flamante ministro de economía de la dictadura
militar, cuyas políticas fueron las que dieron origen a la deuda externa- Su
plan era no responder a ningún modelo, no producir riqueza ni distribuirla.
Pero dicho plan no sirvió y llevo a la argentina a la decadencia.
Luego
Domingo Cavallo estatizó la deuda, la refinanció, y finalmente privatizó y
vendió todos los bienes de Argentina. Es uno de los principales responsables.
En
Argentina hubo cuatro gobiernos que fueron democráticos y derrumbados por
dictaduras, y ninguno contrajo deuda externa. Fueron Irigoyen, Perón, Ilia e
Isabel Martínez.
En
Argentina Hoz junto a Kleim y el FMI estipulan mensualmente la cantidad de
dinero y destinos de los préstamos. El Fondo solo lleva el control del
endeudamiento y daba seguridad a los acreedores de cobro a futuro. El Banco
Central nunca registró contablemente los ingresos de dinero. Había una libreta
negra, del tipo “despensa”.
Hoz
dice que debe endeudarse para tecnificar el país y para tapar agujeros de una
mala administración anterior. Además, aduce que muchos países han tenido que
pasar por esta etapa de apoyo económico. Un país que no se endeuda no puede
progresar, ni crecer. El director de YPF con solo firmar un pedido de
préstamos de dinero, era suficiente para que llegue el dinero, pero que luego
quedaba en el camino en el tesoro nacional para determinar su destino. Había
mucha gente vinculada con esta estafa: funcionarios públicos, gerentes,
empresarios, directores que trabajaban para la banca externa y para sus propios
intereses.
Gobierno
de facto del presidente Onganía 1966-1969
-ECONOMIA
Los
primeros meses del gobierno estuvieron marcados por indecisiones y confusiones
con respecto a la política económica.
El
ministro del Interior, Enrique Martínez Paz, y el ministro de Economía, Nestor
Salimei, fueron el centro de las críticas del sector industrial. Salimei, de
acuerdo con las ideas de Onganía, manipulo la emergencia con una conducción de
la CGT que intento que les fuera favorable. Esta acción origino un gran descontento
entre los sectores de mayor poder económico. No logro la inflación, ni tampoco
mejorar el déficit fiscal y la balanza de pagos. En su breve ingenios
azucareros en la provincia de Tucumán y, con el objetivo de reducir los costos
operativos del puerto de Buenos Aires, impuso un reglamento a la actividad
portuaria, decisión que provoco que estibadores y portuarios comenzaran una
huelga por tiempo indeterminado.
Antes
de definir una nueva política económica, se redujo drásticamente el personal
de la administración pública y de empresas del estado (como los ferrocarriles)
y se realizó el cierre de la mayoría de los ingenios tucumanos (que antes
habían sido intervenidos) con el fin de racionalizar la producción. Con equipos
obsoletos, esos ingenios habían dejado de ser competitivos. Entre los más
afectados estaban los seis que habían pertenecido al grupo Torquist; cuya
propiedad había pasado de mano en mano en medio de maniobras especulativas,
interesadas más en las tierras que en la producción azucarera. El despido de
trabajadores genero protestas y huelga, que fueron encabezadas por la
Federación Obrera de los Trabajadores de la Industria Azucarera (fotia).
En
todos los casos, la protesta sindical se trató de controlar con violencia. Se
sanciono, entonces una ley de Arbitraje Obligatorio, que condiciono la
posibilidad de iniciar huelgas. En Febrero de 1967 creo un plan de acción que
ocasiono: Despido masivos e intervenciones a los sindicatos.
Con
la prohibición de la actividad política, el gobierno encontró la manera
adecuada para la reestructuración social y económica.
Para
los economistas liberales y neoliberales, le inflación surgía cuando había una
mayor cantidad de moneda que el valor de los productos que se podían comprar,
por esta razón los precios subían.
Para
eliminarla proponían tomar decisiones sobre la política monetaria. Desde su
punto de vista, el estado podía reducir o expandir la cantidad de moneda, a
través de devaluaciones, fijación del tipo de cambio, retenciones a las
exportaciones, otorgamiento de créditos, congelamiento de salarios y control
de precios y tarifas. Atreves de la política monetaria, el estado podía llevar
a una disminución de la demanda y llegar a controlar la inflación. La
intervención del estado debía limitarse a fijar la política monetaria y a
controlar las demandas de los sectores populares.
GOBIERNO
DE ALFONSIN
Cuando
en 1983 Raúl Alfonsín asume la presidencia, lo hace sólo después de firmar con
los hombres de la dictadura un compromiso que debía ratificar los contratos
petroleros que acababan de renegociar con YPF y no cuestionar ni investigar la
Deuda Externa; lo que originó un extenso debate en el Congreso.
A
su vez el Abogado Alejandro Olmos, gran investigador de la Deuda Externa, le
envió una carta documento al Presidente Alfonsín de once hojas detallando
puntualmente cómo había sido el «vaciamiento» del Banco Central por parte de
Cavallo en la dictadura.
El
intermediario entre Alfonsín y los militares fue entonces el secretario de
Energía Alieto Guadagni.
Así
el «alfonsinismo» perdió la oportunidad histórica de investigar la deuda
legítima de la ilegítima. Como resultado final de la gestión de Alfonsín,
veremos que la deuda trepó a U$ 63.314 millones.
Al
finalizar el gobierno de Alfonsín, la deuda externa se aproximaba a los
cincuenta y cuatro mil millones de dólares. Menen dejará en mano de la banca
acreedora cuánto se le debe pagar. El congreso jamás trataría la deuda
ignorando la constitución nacional.
Diez
años después, la deuda llegará a los ciento treinta mil millones de dólares.
Los
gobiernos que desde 1983 obedecieron a políticas neoliberales y traicionaron
el mandato popular. El Congreso Nacional nunca creó una Comisión Investigadora
de la deuda, a pesar que existió una causa judicial (impulsada por Alejandro
Olmos) que demostró numerosas irregularidades. Un reducido núcleo de empresas
de capital concentrado aprovecharon los dólares que entraban por la deuda para
fugar divisas.
Se
calcula que hay más de 100.000 millones de dólares en el exterior que son
propiedad de residentes argentinos.
Cavallo
transfirió la deuda al ministerio de economía, pero este a su vez, lo trasfiere
al City Bank para que administre la deuda argentina junto a otros 7 bancos más
de su dependencia. Como el Banco Central no tenía registros de los
endeudamientos, solo estadísticas aproximadas, estos bancos fueron los
encargados de determinar la deuda de los argentinos, y como la deberá pagar.
También determinó los intereses hasta esa fecha.
Restaurada
la democracia, el gobierno de Raúl Alfonsín, en la figura de su primer Ministro
de Economía, Bernardo Grinspun, partió de una posición dura y distante con el
Fondo Monetario Internacional (en adelante, F.M.I.) y estableció negociaciones
con otros países de la región tendientes a la conformación de un “club de
deudores”, pero las mismas se fueron diluyendo en pocos meses. La profunda
recesión por la que atravesaba el país inhibía cualquier posibilidad de hacer
frente al pago de la deuda y sus intereses, de modo que la mera acumulación de
atrasos la fue incrementando hasta llevarla a valores próximos a los 60.000
millones de dólares al finalizar su mandato en 1989. Un año antes se había
resuelto suspender los pagos por todo concepto, lo que provocó que se
acumularan atrasos por unos 6.000 millones de dólares.
Cuando
llega el 31 de octubre de 1983 y debe concurrir a las urnas, la mayoría de los
argentinos sólo ansía cicatrizar sus heridas. Así, la propuesta de Raúl
Alfonsín dirigida a garantizar la democracia formal resulta ganadora.
En
lo referido a la deuda externa, el presidente radical había prometido una
investigación para distinguir aquella que era legítima (organizada en auto
préstamos, maniobras financieras, deudas canceladas cuyo pago no había sido
registrado, tazas de interés desmesuradas, etc.).
Pero
la investigación se para liza y se continúa pagando los servicios de la deuda
cada vez con mayor peso y nada presupuesto del Estado.
Mientras
desde 1982, se tramita un juicio impulsado por un patriota contra todos los
responsables de los manejos atinentes a ese endeudamiento durante el
"proceso", pero el gobierno no adopta, medida alguna, prefiriendo
adaptarse a las precisiones del gran poder económico nativo e internacional.
Cuando
ya no puede más el presidente Alfonsín cesa en el pago de los intereses de la
deuda (marzo de 1988). Cuando ya no puede más devalúa (6 de febrero de 1989),
provocando la furia de quienes no conocían sus intenciones y se quedaron con
pesos, con la consiguiente pérdida. Esos grupos económicos promueven, entonces
un golpe de Estado financiero, reteniendo dólares lo que provoca una estampida
de la devisa extranjera y un proceso hiperinflacionario que arrasa con el
gobierno radical.
Derrotado
por el justicialismo en las selecciones del 14 de mayo de 1989 el radicalismo
abandona la Casa Rosada, con anterioridad a los plazos legales, imponente para
continuar gobernando. Para entonces, la deuda pública externa se halla casa
duplicada respecto de 1983: de 30.107 millones de dólares se eleva ahora a casi
58.000 millones.
Asimismo,
en ese período, "el nuevo poder económico" gestado durante "el
proceso", completa su consolidación.
GOBIERNO
DE MENEM
Y
luego, como si no hubiésemos padecido ninguna estafa llegó Carlos Menem. Con su
corte «genios» de la entrega nacional: Alsogaray, alemán, Klein, Brodherson,
Machinea, etc. Y le hacen creer al ignoto riojano que la culpa la tiene el
Estado elefantiásico y que entonces había que privatizar todo, como decía el
manual del Consenso de Washington. Bunge y Born le diseña un plan y en 1990 le
fabrican una pequeña inflación, Menem se asusta y decide privatizar todo.
Pero
el valor de todo lo privatizado, que llegó a U$ 14.000 millones, no lo fue en
dinero sino en títulos que tenían los acreedores a un valor nominal más bajo de
lo que valían. En resumen luego de la aventura «menemista» de la
privatización, del Plan Brady de Cavallo, la deuda externa se llegó a
determinar en U$ 120.000 millones, sin olvidar la cuota de endeudamiento que
tuvo el Plan de Convertibilidad cuando nos hacían creer que un peso argentino
era igual a un dólar.
Pero
el ciudadano común creía que era cierto (y aún algunos lo creen) sin saber que
se pagaba con más endeudamiento externo, menos salarios, más pobreza, menos
salud, educación, etc.
-1.992:
Gobierno de Carlos Saúl Menem: El ministro Cavallo renegociar la deuda externa
y logra ciertas postergaciones de las fechas de pagos y algunas deducciones de
montos. Sin embargo, el endeudamiento sigue aumentando en forma galopante,
engulléndose de paso lo que se pudo haber obtenido por las privatizaciones de
empresas del Estado.
En
ese período fracasaron las diversas “soluciones” planteadas para hacer frente
al problema de la deuda. Entrados los años noventa, y a partir del gobierno de
Carlos Menem, se produjeron importantes transformaciones estructurales. El
canje de activos públicos por papeles de la deuda fue una de las primeras medidas
adoptadas por tal gobierno. En 1993 se puso en marcha el denominado Plan
Brady, el cual sería –en opinión de los funcionarios entonces gobernantes– la
solución definitiva al problema de la deuda. Lejos de ello, el Plan Brady
representó el inicio de una nueva etapa de endeudamiento, situación que comenzó
a evidenciar señales de agotamiento en el año 2000, agudizándose hacia fines
del año 2001, cuando la crisis se profundizó aún más, se declaró el default de
la deuda pública con los acreedores privados y se optó por abandonar el régimen
de convertibilidad a partir de una fenomenal devaluación de la moneda
doméstica.
La
actual crisis de la deuda (la tercera en dos décadas) se desató en el marco de
fuertes pujas en el escenario local e internacional. Por una parte, estuvo
signada por la tensión entre “devaluadores” y “dolarizadores”, en un escenario
donde la puja en torno a la salida de la convertibilidad estuvo planteada desde
1999. Por otra parte, se produjeron algunos cambios a nivel internacional. En
particular, la asunción de George W. Bush en el gobierno estadounidense y la
paulatina conformación de un contexto de opinión adverso hacia el accionar del
F.M.I. generaron importantes modificaciones en la apreciación del caso
argentino y en las perspectivas sobre la reestructuración de la deuda.
A
principios de los noventa se planteaba que la solución definitiva al problema
de la deuda llegaría de la mano de reformas estructurales de corte neoliberal
(privatizaciones, shock de estabilización, desregulación, apertura de la
economía y liberalización de los flujos financieros) sumadas a una efectiva renegociación
siguiendo las pautas del denominado Plan Brady.
El
primer paso en la materia fue el inicio del proceso de privatizaciones, para lo
cual se habilitó el pago de parte del paquete accionario de algunas empresas
estatales con títulos de la deuda externa argentina. Tales fueron los casos,
fundamentalmente, de las primeras dos grandes privatizaciones concretadas: la
empresa de aeronavegación Aerolíneas Argentinas y la telefónica Empresa
Nacional de Telecomunicaciones (ENTel). Esta modalidad permitió a los acreedores
valorizar los devaluados títulos de la deuda argentina, los cuales estaban
registrados en los balances a valores que oscilaban entre un 15% y un 20% del valor
nominal.
Este
proceso de canje de activos físicos por títulos de la deuda externa fue el
primer paso hacia la denominada “solución” del problema del endeudamiento, por
cuanto permitió que comenzara a reducirse el monto total de la deuda y, al
mismo tiempo, se generaran “señales claras” hacia los mercados internacionales
acerca del rumbo de la política económica adoptada. Posteriormente, en
diciembre de 1992, concluyeron las negociaciones del denominado Acuerdo Brady
mediante el cual se realizaría el canje de los viejos préstamos otorgados por
bancos comerciales por nuevos bonos “Brady” a 30 años, para lo cual se
otorgarían quitas en el capital y reducciones en las tasas de interés.
El
canje incluyó deudas por un total de 21.000 millones de dólares, a los cuales
se adicionaron poco más de 8.300 millones de dólares en concepto de intereses
impagos. Se instrumentó a través de la emisión de tres nuevos bonos. Por un
lado, el Bono con Descuento (Discount Bond) tenía una quita del 35% y una tasa
flotante (LIBO+0,8125%). Por otro lado, se podía optar por un Bono a la Par
(Par Bond), que no tenía descuento pero pagaba una tasa de interés fija y más
baja, la cual era creciente en el tiempo (entre 4% y 6% anual). Los acreedores
optaron fundamentalmente por el Par Bond (12.700 millones de dólares se canjearon
por ese título), mientras que se suscribieron 4.300 millones de dólares en bonos
con descuento (con la quita del 35%, equivalente a unos 2.300 millones de
dólares). Finalmente, para los intereses atrasados se utilizó un tercer título
denominado Bono a Tasa Flotante (Floating Rate Bond –FRB–), a 12 años, con 3 de
gracia y a una tasa LIBO+0,8125%. La emisión de FRB alcanzó los 8.652 millones
de dólares.
Asimismo,
el plan incluyó el financiamiento para la adquisición de un bono de la reserva
federal estadounidense denominado de “cupón cero”, el cual maduraría en
paralelo a los bonos Brady. Esta “colateralización” de la deuda implicaba un
reaseguro para el pago, por cuanto el valor del bono de la reserva federal sería,
al momento del vencimiento de los títulos Brady, idéntico a los de estos
últimos. En otras palabras, se estaba generando un mecanismo de pago en buena
medida garantizado, hecho que incrementaba el valor de los bonos Brady en el
mercado secundario. Este canje de deuda implicaba, asimismo, atomizar y
sumergir en el anonimato al universo de acreedores, por cuanto ya no se trataba
de deudas contraídas con grandes bancos comerciales (como había acontecido
durante el decenio de los ochenta) sino con tenedores de bonos que podían ser
negociados en diversos mercados, tanto por inversores locales como del
extranjero.
En
resumen, al precio de sacrificar empresas públicas a valores que -como se
demostró en diversos trabajos- resultaron significativamente subvaluados y de
efectivizar un canje, la Argentina accedía a la posibilidad de reducir su
endeudamiento neto en algo menos del 50%
GOBIERNO
DE LA RÚA EN ADELANTE
Luego
vino la Alianza y de la Rúa no tuvo una mejor idea de primero llamar al
economista mensajero y servil del F.M.I Ricardo López Murphy, que se despachó
con un plan monetarista ultra ortodoxo, propio de las épocas de la dictadura.
Su gestión solo duró una semana. Y entonces Chacho Álvarez trae ¿a quién? a
Domingo Felipe Cavallo que con el mega canje de 55.000 millones de dólares nos
termina de entregar a la usura financiera internacional, de tal manera que la
Argentina debe destinar gran parte de su superávit fiscal y comercial a pagar
los intereses y parte de capital de una deuda que jamás sirvió para el
crecimiento del país. -2.000: Gobierno de Fernando De la Rúa: A fines del 2.000
cada habitante debe al exterior U$S 3.800
Veintitrés
de Diciembre del año 2.001: Argentina declaró la mayor una moratoria de la
historia contemporánea, por unos 130.000 millones de dólares, en medio de una
brutal crisis financiera y política tras la precipitada renuncia del
presidente Fernando De la Rúa.
01
de Enero del año 2.002: Asume la presidencia Eduardo Duhalde para completar el
mandato de la Rúa. Devalúa el peso (60%)
tras 11 años de convertibilidad con el dólar. 12 de Diciembre del año 2.002:
El gobierno confirma que sólo pagará intereses de la deuda multilateral, sin
utilizar reservas (éstas alcanzaban unos 10.000 millones de dólares).
En
diciembre de 1999 se produjo el cambio de gobierno y el Dr. De la Rúa asumió la
titularidad del Poder Ejecutivo. El Ministro de Economía, José Luis Machinea,
informó al momento de su asunción que la situación fiscal estaba comprometiendo
las posibilidades de respetar el cronograma de pagos de la deuda. Desde su
óptica, el déficit fiscal se encontraba en el orden de los 10.000 millones de
dólares y se debía hacer frente a una carga de cerca de 12.000 millones de
dólares en concepto de intereses. Esta situación se enmarcaba en un contexto
recesivo iniciado en el segundo semestre de 1998, hecho que impactó
negativamente sobre la recaudación impositiva.
Ante
este panorama, el ministro decidió encarar un programa de ajuste fiscal avalado
por el F.M.I., el cual incluyó reducciones del gasto público y un incremento
en las alícuotas del impuesto a las ganancias. Pocos meses después el programa
reveló resultados insuficientes, puesto que derivó en un nuevo ajuste que
incluyó la disminución de salarios en el sector público y trajo aparejada la
agudización del cuadro recesivo. En este contexto, el denominado índice de
riesgo-país comenzó a crecer en forma sostenida, lo que reflejaba la
desconfianza de los calificadores de riesgo respecto de las posibilidades del
país de seguir haciendo frente al pago de sus compromisos externos.
Desde
entonces el problema de la deuda y el “fantasma del default” se transformaron
en la principal preocupación del gobierno hasta su caída, en diciembre de 2001.
Las distintas autoridades económicas entendieron que garantizar el repago de la
deuda era fundamental para el sostenimiento del régimen de convertibilidad, y,
por ende, el ajuste fiscal era el camino prácticamente excluyente a seguir.
A
fines del 2000, el financiamiento voluntario por parte del sector privado quedó
virtualmente interrumpido. El gobierno decidió entonces encarar una negociación
con el F.M.I. con la finalidad de obtener flujos adicionales de financiamiento
que permitieran garantizar el pago de las obligaciones del año siguiente y, de
ese modo, retomar la confianza. Tal negociación terminó en el blindaje,
concretado en diciembre de 2000 a través de la firma de un memorando con el
mencionado organismo multilateral. Los fondos para concretar dicha ayuda
financiera ascenderían a 39.700 millones de dólares a ser desembolsados durante
el bienio 2001-2002 y serían provistos por el F.M.I. (13.700 millones de dólares),
el Banco Interamericano de Desarrollo (2.500 millones de dólares), el Banco
Mundial (2.500 millones de dólares), el gobierno de España (1.000 millones de
dólares) y los bancos “creadores de mercado” (10.000 millones de dólares),
inversores institucionales de la Argentina (3.000 millones de dólares),
mientras que los restantes 7.000 millones de dólares surgirían de futuros
canjes de deuda
A
pesar de que las negociaciones con el F.M.I. fueron “exitosas”, la economía no
lograba salir de la recesión. En ese marco, a principios de 2001 la recaudación
continuaba mostrando una pobre performance y en marzo de ese año renunció el
ministro Machinea. El nombramiento de Ricardo
López
Murphy en su reemplazo despertó profundas resistencias, en tanto anunció un
severo programa de ajuste en el gasto público.
A
tan solo dos semanas de su nombramiento fue obligado a renunciar y se designó
en su lugar a Domingo Cavallo. El nuevo ministro anunció un programa económico
diferente al de su efímero antecesor, pero en sólo tres meses se transformó en
un nuevo ajuste fiscal (mucho más drástico que el que había querido aplicar
López Murphy): el programa de “déficit cero”, según el cual la recaudación
efectiva de cada mes se aplicaría en primer lugar al pago de los intereses de
la deuda y el saldo se utilizaría para el resto de los gastos del sector
público. Este programa llevó al ministro a aplicar una reducción de salarios y
jubilaciones del 13% que, como era de esperar, trajo aparejada una nueva
profundización de la recesión y, por esa vía, de la crisis económico-social.
Asimismo,
ante la inminencia de una significativa carga de vencimientos en un contexto en
que el financiamiento privado se encontraba completamente interrumpido, el
ministro se propuso encarar un proceso de canje voluntario de títulos de deuda
con el objeto de obtener un alivio en el cronograma de pagos. El denominado
mega-canje se concretó el día 1 de junio. Las ofertas totalizaron los 32.818
millones de dólares. En concepto de amortización de capital y pago de intereses
por los bonos aceptados, se redujeron las necesidades de financiamiento hasta
el año 2005 en 16.047 millones de dólares (6.747 millones de dólares por pago
de intereses y 9.300 millones de dólares por amortización de capital). El
resultado fue entonces un alivio en el cronograma de vencimientos, pero
acompañado de un sustancial crecimiento del stock de deuda y del pago de
comisiones espurias por más de 100 millones de dólares (se llegó incluso al
absurdo de que varios bancos cobraran importantes comisiones por canjear
títulos que tenían en su propia cartera).
DESENDEUDADOS
25
de Mayo del año 2.003: Asume la Presidencia Néstor Kirchner y mantiene a
Roberto Lavagna como su ministro de Economía.
Septiembre
del año 2003: Argentina firma con el Fondo Monetario Internacional un acuerdo
standby a tres años.
22
de Septiembre del año2.003: El ministro Roberto Lavagna propone reestructurar
la deuda en mora con una quita de 75%. Inmediato rechazo de los acreedores.
Septiembre
del año 2.004: Argentina deja en suspenso el acuerdo con el FMI (Fondo
Monetario Internacional) hasta terminar el proceso de canje de bonos.
Abril
del año 2005: Argentina sale del default por 81.800 millones de dólares, con
una adhesión del 76,15% y recortes de la deuda entre 45% y 75%, según el bono
canjeado. Acreedores que rechazaron propuesta insisten con reapertura de
canje, negada sistemáticamente por el gobierno.
Enero
del año 2006: Argentina cancela por anticipado, con reservas del Banco Central,
su deuda con el FMI (Fondo Monetario Internacional) por 9.500 millones de
dólares y no mantiene ningún programa con la institución.
Diciembre
del año 2007: Argentina busca saldar deuda con el Club de Paris, por unos 6.500
millones de dólares, pero no acepta condicionamientos del FMI.
2005/2008:
Argentina queda sin financiamiento externo, salvo por parte del gobierno de
Venezuela que adquirió entre 2005 y 2007 unos 5.100 millones de dólares en
bonos soberanos de Argentina, a tasas más altas que las del mercado.
Agosto
del año 2008: Venezuela adquiere bonos por 1.000 millones de dólares, a una
tasa de 15%. Analistas de mercados ponen en duda que Argentina pueda pagar
vencimientos de deuda en 2009, por 20.000 millones de dólares, según el
ministerio de Economía, de los cuales 11.800 millones están cubiertos por el
superávit primario.
02
de Septiembre del año 2008: Argentina anuncia que cancelará con reservas del
Banco Central la deuda con el Club de París, por 6.706 millones de dólares. Las
reservas de BCRA alcanzan a unos 47.000 millones de dólares.
Hace
un tiempo largo que la Argentina en realidad no está pagando con fondos
genuinos ni los intereses de lo que debe y menos aún el capital. Para no entrar
en cesación de pagos (default), se vio obligada a tomar nuevos préstamos para
pagar los intereses y refinanciar el capital, lo que incrementó la deuda como
una bola de nieve. Los ingresos genuinos de divisas de nuestra economía, las
exportaciones agropecuarias, se ven fuertemente disminuidas por los subsidios y
proteccionismo de los propios países acreedores.
Los
nuevos gobiernos democráticos reconocieron como propia la deuda de la
dictadura, acto que abrió nuevamente el acceso a los mercados de deuda para
América Latina. Sin sacar ni una moraleja del pasado, la Argentina arrancó otra
panzada de endeudamiento externo en la década de los noventa. La deuda pública
pasó de US$ 64 mil millones en 1993 a US$ 141 mil millones minutos antes de
anunciar un nuevo default del 2001. La necesidad de compensar a bancos y
ahorristas por la trampa de la convertibilidad, más los intereses que corrían
de la deuda en default, llevó la deuda pública a un total de US$191 mil
millones en 2004, equivalente a 124% del PIB. En 2005 llega el canje de deuda e
inicia el periodo de desendeudamiento del Estado. El exitoso canje logró una
adhesión voluntaria del 92%, y redujo el monto adeudado en US$ 48 mil millones,
además de reducir el pago de intereses y alargar plazos para su pago.
La
crisis internacional y la sequía local de 2009 pulverizan el superávit fiscal.
El Gobierno estatiza las AFJP para hacerse del flujo de los aportes, además de
reducir el stock de deuda pública en manos de privados en cerca de US$ 36 mil
millones. El Gobierno nunca procuró recuperar el superávit fiscal y comenzó a
pagar la deuda pública solamente a través del impuesto inflacionario. En
efecto, en 2010 y 2011 la cosecha se recuperó y la economía volvió a crecer a
tasas chinas. No obstante el déficit primario se incrementó a 1,3% del PIB en
2011 y este año volvería a crecer hasta 1,6%.
No
querer recuperar el superávit fiscal fue una decisión política, como también lo
fue reemplazarlo por el impuesto inflacionario, para no tomar deuda como
alternativa de financiamiento. Estas decisiones políticas marcan el nuevo
esquema macroeconómico 2009 – 2012: ahora, la deuda pública se paga con
inflación. Desde 2009 al 2011 el uso del impuesto inflacionario no implicaba
devaluación gracias al colchón cambiario existente. Pero la constante pérdida
de competitividad llevó al atraso cambiario hacia finales de 2011. Para ese
entonces la deuda pública en manos privadas y organismos internacionales había
descendido en US$ 108 mil millones desde finales de 2004.
La
diferencia entre la deuda pública bruta y la deuda pública neta, que implica
restar de la bruta, es toda aquella que esté en poder de otras instituciones
públicas. Tomando el criterio de deuda pública neta, deja en evidencia el bajo
nivel de endeudamiento del sector público argentino. El Gobierno mexicano
adeuda el 40% del PIB, el brasileño el 36%, el colombiano el 27% y el
argentino, sólo el 19% del producto. La deuda neta sumó US$ 83 mil millones a
fines de 2011, equivalente a 19% del PIB, los cuales US$ 25 mil millones se
adeudan a organismos internacionales y US$ 58 mil millones a privados. De
ellos, sólo US$ 41.000 M en moneda extranjera. En 2004, la deuda pública per cápita
era de US$ 5.000, actualmente representa US$ 2.000: cayó 60%. Los números son
elocuentes y el desendeudamiento es un hecho. En 2013 sólo se necesitan US$
4.600 millones para el pago de la deuda en dólares, y en 2014 sólo US$ 2.400
(0,5% del producto), si no paga el cupón PIB.
Ahora
bien, por más baja que sea la deuda, se agotó el margen para financiarse con
el impuesto inflacionario, sin que ello no implique devaluación. Una vez
agotado el colchón cambiario, seguir esta estrategia de cara a 2015 tiene un
impacto económico y político no menor. La notable baja en los vencimientos de
deuda en 2013 y 2014 advierte que la necesidad futura de impuesto
inflacionario dependerá exclusivamente de la magnitud que alcance el déficit
fiscal. Si se acompaña la baja en los vencimientos de deuda con una baja en el
déficit fiscal (con quita de subsidios, principalmente al gas), la necesidad de
financiarse vía impuesto inflacionario se reduciría significativamente,
alentando, en consecuencia, también una baja en la inflación.
PRESIDENCIA
DE CRISTINA FFERNANDEZ DE KIRCHNER
El
26 de junio la Argentina realizó el pago del total de sus vencimientos por 1150
millones de dólares. De este total, 317 millones se pagaron en pesos y 833
millones en moneda extranjera. Del total del pago en moneda extranjera 292
millones son ley argentina, 2 millones son ley Japonesa y 539 millones son ley
New York y Londres. Estos 539 millones están en poder del BONY.
El
juez Griesa decidió bloquear el cobro a todos los bonistas. Luego, liberó los
bonos ley argentina. Actualmente, mantiene bloqueado el cobro de 539 millones.
Esos
fondos son propiedad exclusiva de los bonistas.
Se
suscitaron numerosos reclamos, lo cual muestra que tal como señalaba Argentina,
la sentencia de Griesa es de imposible cumplimiento, porque pretende violar la
inmunidad soberana y se excede de jurisdicción, dictando órdenes sobre títulos
ley argentina, ley europea, ley japonesa.
El
juez mostró además una manifiesta parcialidad en favor de los fondos buitres y
un profundo desconocimiento de la deuda argentina en particular y del
funcionamiento del mercado financiero de capitales en general.
Mientras
el juez Griesa sigue dilatando sus decisiones, los fondos siguen retenidos
dando lugar a una formidable fiesta especulativa donde los únicos ganadores son
los fondos buitres. Los fondos buitres eran dueños de seguros contra default y
forman parte de la asociación (ISDA) que determinó que los cobrarán. Además,
los fondos buitres se han pasado las semanas generando rumores e información de
mercado que hace que los títulos suban y bajen, creando oportunidades para
inmensas ganancias. No es que obtienen información privilegiada, sino que la
producen y, al mismo tiempo, apuestan sobre seguro para ganar en el mercado. Nadie
sabe qué decisión va a tomar el Juez con sus arbitrarias medidas que impiden el
cobro. Esto está produciendo una gran incertidumbre entre los bonistas que
participaron de los canjes.
Se
han agotado todas las instancias judiciales en Estados Unidos. Griesa no
resuelve nada, sólo actúa en favor de los fondos buitres No está asegurado el
pago de los próximos vencimientos (septiembre, por cerca de 200 millones de
dólares) Argentina pidió medidas cautelares ante el tribunal de la Haya pero aparentemente
EEUU no aceptará la jurisdicción
Las
negociaciones de los buitres son una fantochada. Argentina explicó sus razones,
pidió una suspensión. Argentina les ofreció ingresar al canje, obteniendo un rendimiento
superior al 300% Nos anoticiamos por los diarios de diversas tratativas entre
privados, todas ellas fracasadas. No lo decimos nosotros, sino el propio fondo
Aurelius que las dio por cerradas. El fracaso en las negociaciones se debe a
que los fondos buitres sólo aceptan cobrar el total de su reclamo, con una
ganancia superior al 1600% y el Juez Griesa diseñó un mecanismo de extorsión:
no deja cobrar a nadie si no cobran los buitres el total que reclaman.
Argentina,
como país soberano, no puede aceptar esta verdadera extorsión. Quieren
convencer a todo el mundo de que hay default. Ya lo dijeron los expertos: es un
griefault. El que incumple es Griesa, no la Argentina. El que no garantizar los
derechos es EEUU. No puede haber default en un país que tiene la voluntad y los
recursos para seguir pagando normalmente los vencimientos de su deuda. No puede
haber default si el 92% aceptó el canje y sólo lo rechaza un 1% con la
complicidad de un juez Argentina va a seguir pagando, más allá de toda
extorsión. Lo venimos haciendo sin recurrir a los mercados, pagamos con
recursos propios. No vamos a permitir que volteen la reestructuración de
nuestra deuda.
CONCLUSIÓN
Cuando
un país como la Argentina acude a un préstamo internacional, la lógica es que
lo haga para financiar obras importantes e infraestructura, esto sin dejar de
lado nuestros propios recursos. Me refiero a que algunos políticos en la
historia han hecho una virtud el hecho de endeudarse. Lo negativo es que a lo
largo de la misma, este endeudamiento no ha sido destinado a cumplir con
objetivos importantes sino que se
dedicó a pagar gastos corrientes o en muchos casos financió la corrupción del
país.
Pero
eso se hizo por la complicidad manifiesta de una clase política que algún día
tendrá que responder por ese crimen social y económico.
En
suma, la Argentina ya no dispone de la fortaleza macroeconómica de unos años
atrás, pero tampoco la debilidad estructural de décadas previas, tal como fue
la deuda externa. La deuda fue un lastre que impidió el crecimiento económico y
sumó frustraciones. La realidad de la Argentina hoy es otra: se sacó de encima
la deuda externa, cerrando otra herida que dejó el paso de la dictadura y la
convertibilidad.
Por
último, el mundo está mirando cómo se desarrolla la crisis del euro, que se
esconde bajo una montaña de deuda pública. Si Europa finalmente “patear el tablero”,
el impacto de la crisis internacional sobre las economías emergentes se
magnificará en aquellos países que tengan un elevado nivel de endeudamiento en
moneda extranjera. El posible estrangulamiento del crédito externo, el derrumbe
de las exportaciones y caída de precios de las mercancías sería el natural
escenario de la catástrofe europea.
En
ese caso, la Argentina no lograría evitar la crisis, como tampoco ningún país del
mundo, pero sí evitará su propio colapso económico, gracias al
desendeudamiento de los últimos años.
Por
qué está hecha deliberadamente para que no se pueda pagar y, de esa manera,
establecer una tutela sobre los países emergentes; condicionando su desarrollo
en beneficio de los países centrales. La globalización es el nuevo nombre del
neocolonialismo y la deuda externa es su instrumento. Por la deuda externa,
Argentina está permanentemente obligada a tomar decisiones contrarias a sus
intereses, y perjudiciales para sus habitantes. Sometida a la usura de la banca
internacional, Argentina se vio obligada a adoptar el actual modelo económico,
privatizar las empresas públicas, vender y desnacionalizar todos sus bienes, y
desviar a las AFJP los fondos de las jubilaciones, condenado de esta manera a
la miseria a toda una generación de jubilados.
Conclusiones
MOLINA
En mi opinión
el fenómeno de la deuda externa en Argentina ha sido un gran obstáculo para el
desarrollo del país. Y como se puede observar este no es un hecho aislado sino
que varios factores contribuyeron en su agravamiento e hicieron que las
posibilidades de desarrollo del país tuvieran que esperar. Desde comienzos de
los años ochenta, la deuda externa ha sido para la Argentina uno de sus principales
problemas económicos. Independientemente del peso que pueda atribuírsele, es
evidente que la magnitud que ha asumido el endeudamiento representa una
considerable restricción para el desarrollo de una política económica que
supérelas crecientes condiciones de desindustrialización, desempleo y pobreza
por las que atraviesa la Argentina. Tras el derrumbe del régimen de
convertibilidad, ladeada ha llegado a representar aproximadamente el
equivalente al producto bruto de la Argentina, y si se la quisiera cancelar
sería necesario insumir más de 5 años de exportaciones o el equivalente a 14
años de recaudación tributaria.
En otras
palabras, la deuda externa ya no es sólo un obstáculo para el desarrollo sino
también una carga imposible de afrontar en las condiciones actuales. Por lo
tanto se puede deducir que la deuda externa es el principal obstáculo presente
y futuro para el desarrollo de cada país y esta necesita atención en diversas
perspectivas para evitar seguir cayendo en el círculo de las crisis financieras,
económicas y sociales, las cuales a largo plazo retrasarían el crecimiento y/o
desarrollo del país que en este caso se ve reflejado en la Argentina. La Deuda
Externa, la mayor estafa al pueblo argentino: La deuda externa es uno de los
peores males de la economía nacional. La deuda externa es un instrumento que un
país utiliza para crecer en base a un plan programado, estudiado, discutido y
aprobado por los dirigentes nacionales.
La finalidad
última de endeudarse es la de generar riquezas para el bienestar delos
habitantes del país; además es el principal mecanismo para el pago de los
intereses de anteriores deudas generadas por gobiernos anteriores o por el
mismo gobierno (situación característica de la convertibilidad 1991/2001).
MAFFEO
Cuando un país
como la Argentina acude a un préstamo internacional, la lógica es que lo haga
para financiar obras importantes e infraestructura, esto sin dejar de lado
nuestros propios recursos. Lo negativo es que a lo largo de la historia, este
endeudamiento no ha sido destinado a cumplir con objetivos importantes sino que
se dedicó a pagar gastos corrientes o en muchos casos financió la corrupción
del país. Pero eso se hizo por la complicidad de una clase política que algún
día tendrá que responder por ese crimen social y económico.
El ingreso de
capitales a nuestro país no siempre generó crisis, en algunas épocas, los
mismos favorecieron nuestra economía. Hoy en día la Argentina llegó al
sobreendeudamiento y se le hace imposible pagar la deuda, y esto conlleva a que
nosotros seamos los encargados de pagar los costos del endeudamiento. Se están
buscando soluciones para reducirla, lo cual evidencia que se le está tomando
importancia a este asusto, pero yo me pregunto por cuánto tiempo.
Ante la
vulnerabilidad de los países latinoamericanos y del sistema financiero
internacional, Argentina siguió atrayendo créditos más caros e inversiones más
volátiles que nuevamente provocaron crisis financieras que se convirtieron en
crisis de desarrollo.
Bibliografía: